La importancia de la comunicación afectivo – emocional entre el bebé y el adulto.

 

La comunicación afectivo – emocional entre la madre, el padre y el bebé, no tiene por qué esperar tanto tiempo. Desde el minuto que sabemos que seremos padres, nos nace el instinto de acariciarlo y por sobretodo hablarle a cada minuto.

El primer encuentro entre el bebé y su madre, un momento esperado durante tanto tiempo. Un momento tan íntimo y de conexión. En ese minuto que logran mirarse frente a frente, sentir el calor de los brazos de la madre, minuto donde se cruzan las primeras palabras y por primera vez establecen la comunicación a través de miradas.

Es necesario garantizar la actividad de comunicación afectivo- emocional estrecha entre el bebé (niño) y el adulto. Por lo que las visitas al inicio pueden esperar.

Al comienzo a través del llanto él bebe comunica en bases a las necesidades orgánicas; cuando tiene hambre, cuando está sucio, o tiene frío. O a sus necesidades sociales; quiere cariño, comunicarse y sentir protección.

Durante el primer periodo, las madres están alerta a cada señal, aprendiendo cada minuto de la experiencia y las necesidades que nos comunica nuestro bebé. El círculo de comunicación es reducido, lo cual es muy positivo para la adquisición del lenguaje y su fondo emocional. Ya que sabemos que el afecto, es la base todo el desarrollo psicológico del ser humano.

En este sentido, lo más importante no es la cantidad de tiempo, sino la calidad de comunicación que se le dedica al pequeño(a).

Es importante hablarle al bebé, podemos pensar que el bebé no nos entiende, no comprende y que por esto no es necesario hablarle. Todo lo contrario, podemos usar cada minuto y actividad diaria para demostrarle nuestro afecto y cariño. Hablar con el bebé, acercándose a la cara, cantarle canciones, acurrucarlo, escuchar música con el bebé, hacerle un masaje después del baño, tomarlo en brazos, bailar con él.

Cosas tan simple nos ayudan a generar lazos afectivos y de comunicación desde el primer día.

La ausencia de esta comunicación emocional puede producir efectos negativos sobre el desarrollo psicológico y sobre la personalidad del niño/a.

Una madre o la persona que se dedica al cuidado del bebé pueden estar todo el día en casa, dedicase a la limpieza, las labores de la casa, a la cocina, a la atención de las necesidades físicas del bebé. Como por ejemplo mudarlo, alimentarlo, vestirlo. Pero este hecho no garantiza que se logre tal comunicación.

Sin embargo una madre que trabaja todo el día, llega a casa y dedica una hora de comunicación productiva con su bebé, puede ser mucho más útil de una gran cantidad de tiempo vacío.

 

Escrito por: Paula Barahona Pavez, Ed. de Párvulos, Prof. Educación Básica, Postítulo en Psicopedagogía, Terapeuta Floral, Educadora de Masaje Infantil (IAIM), Fundadora de Buen Crecer.

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